25 de octubre de 2026

Guadalajara y su primera marcha por el agua

Bienvenidos nuevamente a este espacio tecnosófico que lleva tiempo fungiendo más como una especie de diario, privado, no podría ser de otra manera, que el acostumbrado lienzo digital donde he compartido algunas ideas y pensamientos con ustedes, sobre temas relevantes del mundo y su posible o presunta relación con las tecnologías de la información.

Sin embargo, en esta ocasión busco compartir con ustedes mi experiencia en la primera marcha por el agua, convocada y realizada por ciudadanos del área metropolitana de Guadalajara el pasado 11 de octubre a las 11:00 horas, con motivo de exigir el derecho humano básico de tener agua de calidad en nuestras casas. Porque pareciera que una gemela realidad de Mad Max o Blade Runner nos alcanzó en esta, aunque sólo lo parezca por el mar de concreto desparramado territorialmente, disque ciudad, y no precisamente por avances en la ciencia y la tecnología, sino por la rampante corrupción en las instituciones públicas.

Me reuní temprano con un exalumno de posgrado que vive cerca, para viajar en camión hacia Av. Vallarta y caminar hasta la glorieta de La Minerva, lugar donde todos los ciudadanos habíamos sido convocados para partir de manera colectiva y ordenada hacia la ahora infame Casa Jalisco. Llegamos un poco tarde, pues el "mejor transporte público de América Latina" (Gobernador dixit) no conoce mucho de las prisas que uno lleva un domingo. Al bajar, mientras caminábamos para alcanzarlos, les marcamos a algunos de nuestros amigos que ya se encontraban en el lugar, para enterarnos de que algunos ya habían comenzado la marcha.

Caminando por Av. Vallarta hacia La Minerva

"Asociaciones civiles de lado izquierdo, ciudadanos del lado derecho", gritaba un ciudadano a través de un megáfono. Así que nos incorporamos a la larga fila que se encontraba a la derecha sobre la avenida, tan solo unos metros después de Los Arcos. Duramos entre unos 15 y 25 minutos para poder sortear la curva de la glorieta, entre pláticas, pues nos habíamos encontrado a la mayoría de amigos en ese punto, e iniciar el recorrido por la Av. López Mateos. Había un mundo de personas entre las que destacaban, además de jóvenes con diferentes pancartas muy creativas y algunas muy groseras, parejas de la tercera edad del brazo o tomados de la mano, algunas parejas jóvenes con carreolas con sus bebés, algunas personas con sus mascotas, y niños, niños de diferentes edades, algunos con unas hojas en sus manitas con dibujos que se veía fueron hechos por ellos mismos sobre la terrible situación que viven en sus casas y seguramente también en sus escuelas. ¿ Cómo no conmoverse ?

Ya en La Minerva formados y listos para salir

Caminando ya sobre la avenida, empezaron los cánticos, coreados por la gran mayoría, así como el dar de brincos para desmarcarse de personalidades como el ex-Gobernador y el Gobernador, lo que hacía la lenta caminata bajo el sol más ligera y llevadera. Debo decir que no coreé ninguna de las consignas. Algunos de mis amigos me instaban a brincar o a simular que brincaba para acoplarme a la espontánea y pegajosa coreografía, pero no lo hice, prefiero mis acostumbradas argumentaciones cuantitativas que tanta falta hacen para sustentar indiscutiblemente el por qué del hartazgo que presenciaba, además de la responsabilidad del ejemplo que uno tiene como profesor universitario, así que caminé en silencio. Durante todo el trayecto me la pasé tomando fotografías con mi modesto celular teniendo en primer plano a la marcha, pero siempre aprovechando el segundo plano que ofrecían algunas de esas torres de departamentos, ya sea acabadas o en construcción, que se alzan sobre el horizonte arbóreo y que forman parte indiscutible de los intereses de quienes nos llevaron a esta crisis. Me pareció muy simbólico.

Torre de departamentos al paso sobre Av. López Mateos

Torres de departamentos al paso sobre Av. México

Llegamos a la altura de un retorno sobre la avenida, a escasos metros de Av. Manuel Acuña, donde debíamos virar hacia la izquierda y caminar sobre esta última para enfilarnos hacia nuestro destino. A la altura de dicha encrucijada había ciudadanos que pasaban a contrasentido gritando "Adultos mayores, discapacitados y niños sigan de frente, los demás y quienes quieran, den vuelta a la izquierda". Era la misma ciudadanía quien no buscaba exponer a los más vulnerables y me pareció una medida muy inteligente, sin saber todavía lo que nos había de deparar por las llamadas fuerzas del orden.

Así que dimos vuelta a la izquierda, atravesando una gasolinera en la esquina que se encontraba abarrotada, para situarnos en el camellón de la última avenida frente a una reconocida tienda de conveniencia. Algunos de los ciudadanos dejaban sus bicicletas recargadas en los árboles, algunos perros descansaban sobre el pasto junto a las personas con las que iban. De pronto, vi salir a un señor de la tienda con un gran galón de agua y muchos vasos desechables de plástico embolsados para instalarse a un lado de donde estábamos, ofreciendo agua amablemente a quien pasara. El ofrecimiento también nos alcanzó, pero declinamos pues llevamos nuestras propias botellas de agua en las mochilas. Seguían siendo los ciudadanos quienes cuidaban a otros ciudadanos.

Sobre el camellón en Av. Manuel Acuña

Continuaron las consignas y los cánticos, y en algún momento escuchamos el alboroto a la altura del inmueble oficial, y alcanzamos a ver entre la multitud frente a nosotros, los chorros de agua a alta presión que lanzaban contra no vimos quiénes, y que salían de la esquina suroeste de la cuadra que ocupa la casona. Después escuchamos algunos estallidos y vimos un humo blancuzco que enrarecía la escasa visibilidad sobre las cabezas de las personas que se encontraban hasta adelante. Al paso de unos minutos se abrieron corredores entre la multitud para llevar a los heridos hacia un improvisado puesto de socorros por Protección Civil en el estacionamiento de la tienda de conveniencia. Pasaban la mayoría empapados, algunos con los ojos irritados, algunos semi-inconscientes y algunos con lo que parecía sangre sobre sus cabezas.

De pronto llegaron al lugar dos paramédicos en motocicleta para valorar a los heridos y entonces todos cantamos para reconocerles que ellos sí nos representaban. Algunos minutos después arribó una ambulancia para evacuar a los más graves y los ciudadanos se apartaron para dar lugar a una calle por la que pudiera llegar hasta el tenderete.

Ambulancia llega al puesto de socorros improvisado

Nos retiramos a las 14:00 horas aproximadamente y caminamos hacia Av. Américas sobre Av. Manuel Acuña para regresar a casa. El resto de lo que sucedió lo vimos cada quien por su cuenta en las noticias. No podíamos creerlo. Me bajé para llegar a comer a un lugar de comida rápida y mientras comía, observé a muchos ciudadanos comer despreocupadamente, algunos de ellos solos, otros en pareja y no menos familias, a pesar de que estaba seguro de que padecían del mismo problema que muchos de los que marcharon horas atrás ese mismo día. No quise juzgar, y aunque respeto otras perspectivas, todavía no puedo entenderlo del todo.

Debo decir que el problema del agua contaminada no me ha alcanzado todavía, pero marché desde la empatía por mis familiares, por mis amistades, por mis conocidos, por mis vecinos, por quienes son y han sido mis alumnos, por los que no he tenido el gusto o el disgusto de conocer y hasta por aquellos que me han hecho un mal o puesto el pie en la vida real. Lo que hice, como muchos de nosotros, lo hicimos de manera incolora por nuestra ciudad, aunque el agua siga llegando colora.

Espero nos encontremos pronto en otras entradas.


Charles